 
| Escrito: |
Raúl Reynoso
Rodríguez. |
| Redacción
y Estilo: |
Gonzalo Jiménez
Martínez. |
Emergente de un terreno enteramente llano, ubicada en
el estado de Tlaxcala entre las poblaciones de Apizaco y Huamantla, encontramos a esta
belleza natural: "MALINTZI"; un volcán en estado pasivo con una cúspide de
4448 m.s.n.m.; el cual cuenta con una ruta de ascenso totalmente noble con el
excursionista.
Fue así
como empezamos esta aventura: Eran las 9:30 a.m. cuando dejamos estacionado nuestro
vehículo en el albergue a cargo del IMSS, lugar donde se cuenta con diversos servicios
como renta de cabañas, área para acampar, canchas deportivas, etc. Nos dispusimos a
emprender nuestra caminata en medio de un esplendoroso bosque de coníferas a una altura
de 3333 m.s.n.m.. Es realmente impresionante estar entre tantos pinos que no permiten ver
más allá de los 80 metros debido a su follaje, los cuales al mismo tiempo nos
protegieron de los rayos solares; por otra parte, si no fuese por el sendero que se
encuentra muy bien trazado seguramente sería muy fácil perder la ruta.
Así que después de dos horas de recorrido y
de haber apreciado la biodiversidad manifestada en este lugar por la madre naturaleza,
culminamos el trayecto a través del bosque, en donde encontramos algunos grupos de
personas quienes en su caso terminan ahí su ascenso; únicamente para realizar un día de
campo y algunos otros aprovechan para hacer su campamento. No siendo este nuestro
objetivo, proseguimos a enfrentar la parte más difícil del ascenso. Una subida cada vez
más y más pronunciada sobre un terreno de gravilla, piedras y al inicio algo de
pastizales.
 Poco a poco se iba avistando en el paisaje el inmenso valle que rodea a este
volcán, volviéndose una vista más profunda a cada paso, siendo realmente impresionante
como al ir ascendiendo se van descubriendo en la distancia a sus vecinos: el volcán Cofre
de Perote, el Cerro del Pizarro y relativamente a su lado derecho el volcán Citlaltepec,
también conocido como el "Pico de Orizaba", mismo que es el segundo más alto
de este continente; también al lado opuesto observamos al volcán Iztaczihuatl, llamada
en algunas leyendas tradicionales mexicanas "la mujer dormida" y su eterno
compañero el volcán activo Popocatepetl.
Después de este festín
a los ojos y el corazón, aún nos faltaba por subir una distancia de aproximadamente 150
metros de longitud y unos 70 metros más de altura; en mi caso comencé a sentir la falta
de oxígeno y fuertes pulsaciones, lo cual me obligó a bajar de intensidad en el ritmo de
caminata, pensando una y otra vez que: "una cosa es lo que uno quiere y otra lo que
el cuerpo puede", a la vez que recordaba como en ocasiones anteriores había subido a
esta altura y aún más, sin complicación alguna. Fue en ese instante que valoré los
años de hacer y también de haber dejado de hacer este tipo de actividad física.
Haciéndome el propósito de no volver a abandonar por tanto tiempo este gusto a la
montaña (casi cinco años).
Poco tiempo transcurrió cuando mi cuerpo volvió a sentirse
dispuesto para continuar ascendiendo, y poder llegar posteriormente a la cúspide con un
sentimiento de triunfo diferente a los anteriores. Ya estando arriba se podrán imaginar
el esplendoroso paisaje que se aprecia, y por si no pueden, las fotografías dan a conocer
parte de este sentir que surge enmedio de la aventura.
Lo que tristemente
observamos a lo largo del trayecto, fue la falta de respeto que algunos visitantes osan no
sólo al volcán sino a todo este santuario natural, rayando sus piedras con pintura,
grafiteando y abandonando la basura por todas partes; que por cierto, es un hecho notorio
desde el inicio del recorrido, incluyendo a algunos árboles dentro de estas agresiones a
los ecosistemas.
Dado por terminado nuestro ascenso después de cinco
horas, nos dispusimos a bajar. Dura fue la subida, pero el regreso exigía el uso de
nuestra fuerza en mayor proporción, de esta manera, realizamos nuestro descenso hasta
nuestro punto de partida en aproximadamente dos horas.
Ya abajo tuvimos como recompensa unas
deliciosas quesadillas que se venden en un puesto ambulante ubicado a un costado del
albergue; estando allí aprovechamos para saludar a Don Amado, excelente persona que
labora en las instalaciones del mismo.
Fue así como Alejandro, Toño, Carlos y su
servidor concluimos esta aventura quedando con las ganas de regresar, porque "una vez
abajo logras sentir que parte de la montaña esta contigo y arriba algo tuyo se ha quedado
con ella".
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